Mientras todos duermen, el inspector Almanzor se dedica a redactar un atestado, cuando recibe una llamada. Al otro lado, un amigo y camarero, agoniza. Cuando Almanzor llega al bar ya es tarde. En el suelo, un cigarrillo con la ceniza intacta; en la barra, un cubata a medio consumir, restos de cocaína y unos cubiletes de dados. Encontrar al asesino es algo que va a ir mucho más allá del compromiso profesional.