Un abuelo amigo de Besteiro y encarcelado por el franquismo y unos padres que en el peor de los tiempos callaron sueños, tragaron rabias, escondieron lágrimas y se apretaron el cinturón en pos de que sus hijos crecieran sin conocer la humillación y el odio homicida son el fondo genealógico desde el que José Manuel Querol piensa el siempre escurridizo ser de España. El país del idioma del que es enamorado y experto filólogo, de los escritores que le entusiasman, de los paisajes mediterráneos sin los que no podría vivir; pero también de la cruz fascista de 46 metros de altura que ve todos los días mientras desayuna, de la corrupción sempiterna, de los buenos y los honrados siempre derrotados, del Madrid desnaturalizado al que ha visto convertirse en un feo y hostil parque temático neoliberal. Hay amor y odio en este libro con título de verso de Miguel Hernández, poeta españolísimo asesinado por la España eterna; una gavilla de textos de distinto tono en los que el autor va saltando también de lo íntimo a lo académico, de lo político a lo cultural, de lo cáustico a lo melancólico, y hasta de lo real a lo oníric