Gregorio es un funcionario amargado, cincuentón y seguidor del Atleti que trabaja en un centro cultural de Madrid.
Vive con su mujer Paqui y su hijo Carlos, aunque, más que una familia, parecen compañeros de piso.
Es un tipo cínico, onanista y contradictorio, en plena crisis existencial e incapaz de adaptarse a un mundo que le resulta cada vez más ajeno y absurdo.
Está pasado de kilos y descuida su salud, aun sabiendo que podría sufrir un infarto en cualquier momento. Se siente viejo, nostálgico y desbordado por las nuevas corrientes feministas -con las que no comulga, pese a considerarse un hombre de izquierdas-.
Solo le genera cierta ilusión la posibilidad remota de tener una aventura sexual con Eva, una chica de veintipico años que trabaja en una librería de segunda mano.