Volver a casa nace de la observación de lo cotidiano, del miedo que nos inmoviliza y también de la alegría que brota sin previo aviso; del tiempo que todo lo ve y lo viste, de la muerte que acecha sin drama y del regreso simbólico al hogar. Es el refugio que nos ofrece Rut Sanz Montaña para pararnos y contemplar.
Solamente algunas imágenes de lo que fuimos y de lo que somos son las que configuran el viaje que es vivir. Son esas que permanecen indelebles superando
el resto de huellas borradas por la lluvia.